Parque de los Olmos

El Eco del Pasado

Antiguamente, el Parque de los Olmos era el pulmón del barrio. Era un lugar donde el silencio solo se veía interrumpido por el susurro de las hojas y el canto de los pájaros. Los ancianos leían el periódico en bancos de madera tallada y los niños jugaban al escondite entre arbustos espesos. Era un refugio de calma donde el tiempo parecía detenerse.

La Gran Transformación

Todo cambió el día que las excavadoras derribaron los sauces. En lugar de césped y senderos, el ayuntamiento decidió levantar un enorme pabellón polideportivo. La estructura era imponente, rodeada por rejas metálicas altísimas que llegaban casi hasta el cielo, diseñadas para contener la energía de los juegos, pero que terminarían convirtiéndose en un instrumento de tortura acústica.

Lo más peculiar —y lamentable— fue la construcción del suelo. Para ahorrar materiales o por un error de diseño, la pista se construyó sobre una base hueca. El resultado fue una superficie que actuaba como la caja de resonancia de un tambor gigante.

El Cambio en los Niños

Con la inauguración del pabellón, la personalidad de los niños del barrio sufrió una metamorfosis. Aquella calma de antaño desapareció, reemplazada por una energía frenética y agresiva.

  • El golpeo constante: Los balones ya no rodaban por la hierba; ahora golpeaban con violencia las rejas metálicas. Cada impacto producía un estruendo vibrante que se extendía por todas las calles aledañas.
  • El efecto tambor: Cada vez que un niño corría o botaba la pelota, el suelo hueco emitía un “boom-boom” profundo que hacía vibrar las ventanas de las casas cercanas.
  • La pérdida de la armonía: Los gritos ya no eran de alegría, sino de competencia ruidosa. Los niños se volvieron ajenos al descanso de los demás, obsesionados con el rebote y el sonido del metal chocando.

Un Lugar donde Nadie Quiere Estar

El barrio, que antes era el más codiciado de la ciudad, se convirtió en una zona fantasma de vecinos cansados. Los carteles de «Se Vende» empezaron a aparecer en los balcones. Nadie quería vivir frente a aquel pabellón que transformaba el juego en estrépito.

Los ancianos dejaron de salir a sus bancos, y las familias buscaban parques en otros distritos. El Parque de los Olmos ya no era un parque; era una caja de ruido cerrada donde el silencio había muerto bajo el golpe arítmico de un balón contra una reja.

Democracia & Tiranía

Esta es la historia de Arthur y su hijo Gabriel, un relato sobre la destrucción sistemática de la autonomía humana. En esta versión, la tiranía no solo fue externa, sino que se infiltró en el torrente sanguíneo de la víctima.

El Desmantelamiento del Adulto

Gabriel no siempre fue un prisionero. A sus veinticinco años, era un arquitecto prometedor con su propio patrimonio, heredado de su madre. Pero Arthur, un hombre cuya sed de control rayaba en lo patológico, no podía tolerar que su «creación» tuviera una vida propia.

Bajo la excusa de una supuesta «crisis de salud mental» que él mismo fabricó mediante manipulaciones, Arthur logró obtener la tutela legal absoluta sobre Gabriel. En ese instante, la libertad de Gabriel murió.


Las Tres Dimensiones de la Tiranía

Para asegurar que su hijo nunca volviera a ser libre, Arthur impuso un régimen basado en tres pilares de hierro:

1. El Secuestro Financiero

Arthur confiscó todas las cuentas, propiedades y tarjetas de Gabriel. El hombre que antes diseñaba edificios ahora tenía que pedir permiso por escrito para comprar un café o un libro. Arthur utilizaba el dinero como un látigo: si Gabriel mostraba un ápice de resistencia, se le privaba de necesidades básicas. Su independencia económica fue sustituida por una dependencia humillante.

2. La Panóptica Digital

La casa fue equipada con tecnología de vigilancia, pero el control iba más allá:

  • GPS obligatorio: Gabriel debía llevar un reloj rastreador que enviaba una señal cada sesenta segundos al teléfono de su padre.
  • Geovallas: Si Gabriel se alejaba más de cien metros del perímetro permitido, una alarma ensordecedora sonaba en ambos dispositivos.
  • Reporte de estado: Cada hora, Gabriel debía enviar una fotografía de su ubicación actual para confirmar que no estaba intentando burlar el sistema.

3. El Grillete Químico (El Control Mental)

Esta fue la herramienta más déspota de Arthur. Alegando que Gabriel sufría de «inestabilidad emocional», le obligó a seguir un régimen de fármacos sedantes y disociativos.

  • Por la mañana, dosis altas de ansiolíticos para anular su iniciativa.
  • Por la noche, hipnóticos para asegurar que no tuviera fuerzas para planear una huida.
  • El resultado: Gabriel vivía en una neblina constante. Su mente, antes brillante, se volvió lenta y dócil. La droga no era medicina; era una cárcel química diseñada para que él no tuviera la energía mental suficiente para desear la libertad.

El Ostracismo Interior

Arthur no necesitó desterrarlo a una isla desierta; lo exilió de la realidad. Gabriel estaba presente físicamente, pero su espíritu estaba en el ostracismo. Sus amigos dejaron de llamar porque Arthur siempre respondía que «Gabriel no estaba en condiciones». Sus bienes fueron absorbidos por las empresas de su padre.

Gabriel se convirtió en un autómata biológico. Un hijo que solo existía para validar el poder de su padre, alguien que no podía dar un paso, gastar un céntimo ni tener un pensamiento claro sin el permiso del tirano.

«La tiranía perfecta no es la que mata el cuerpo, sino la que convierte la mente en un desierto donde solo crece la voz del amo.»

Las Dos Orillas del Mero

Esta es la historia de Las Dos Orillas del Mero, una fábula sobre el esfuerzo paralelo, el silencio y la ironía de la falta de comunicación.


El Gran Silencio del Miedo

Hace muchos años, una crecida histórica del río Mero destruyó todos los puentes que conectaban ambas márgenes. Con el tiempo, el aislamiento alimentó la desconfianza. Los de la Orilla Norte (Culleredo) empezaron a creer que los de la Orilla Sur (Cambre) eran gigantes hostiles, y viceversa.

Ambas poblaciones decidieron que la única forma de prosperar sin depender de sus vecinos era mirando hacia el mar, hacia la ría, ignorando por completo lo que ocurría al otro lado del espeso bosque de ribera.

El Sueño del Progreso Solitario

Sin hablarse, y movidos por la misma necesidad de comerciar con el mundo exterior, ambos pueblos trazaron el mismo plan: construir el puerto más grande jamás visto en Galicia.

  • En la Orilla Norte: Durante veinte años, trabajaron día y noche. Vaciaron canteras, tallaron bloques de granito monumentales y crearon un muelle que parecía una ciudad flotante. Lo llamaron el «Puerto del Orgullo».
  • En la Orilla Sur: Hicieron exactamente lo mismo. Sus ingenieros diseñaron grúas de madera reforzada y almacenes capaces de guardar el grano de toda una década. Lo llamaron el «Muelle de la Esperanza».

El Encuentro Inevitable

La niebla del Mero era tan densa que ocultaba las obras. Los martillazos de una orilla se confundían con el eco de los de la otra. Pero un verano de sequía extrema, el nivel del río bajó tanto que la vegetación se retiró y la bruma se disipó por completo.

Un lunes por la mañana, los alcaldes de ambas orillas salieron a sus respectivos malecones para la inauguración. Al mirar al frente, se quedaron petrificados.

La Gran Ironía

No vieron una orilla enemiga o salvaje. Vieron un espejo de piedra. Apenas a unos cientos de metros de distancia, se erguía una infraestructura idéntica a la suya.

  • El problema: Ambos puertos eran tan grandes que habían estrechado el cauce del río hasta dejarlo casi impracticable.
  • El desperdicio: Habían gastado el doble de oro, el doble de sudor y el doble de tiempo.
  • La realidad: Si hubieran gritado una sola palabra a través del agua veinte años atrás, habrían construido un único puerto central, uniendo fuerzas y dejando espacio para que los barcos maniobraran con facilidad.

La Lección del Mero

Hoy en día, se dice que si paseas por el paseo fluvial, aún se ven los restos de aquellos dos muelles que nunca llegaron a recibir un barco grande, pues entre los dos no dejaron espacio para que el progreso pudiera navegar.

«El muro más alto no es el que se construye con piedra, sino el que se levanta con el silencio.»

R o c a d e L u n a

💎 El Fragmento de MoonRock: Una Historia de Autenticidad y Engaño
Hace siglos, en el corazón de un valle escondido, existía un diamante legendario conocido como MoonRock. No era famoso por su tamaño, sino por la cualidad etérea que poseía: se decía que imbuía a su portador con una vida de claridad, propósito y genuina satisfacción. Su poder residía en la verdad absoluta que representaba, guiando a quien lo llevaba a la vida que realmente debía vivir.

La Partición de la Verdad
MoonRock era demasiado poderosa para una sola persona, y sus guardianes, una pequeña comunidad de filósofos y artistas, decidieron que su poder debía beneficiar a todos. Con gran ritual, MoonRock fue partida en cientos de pequeños fragmentos idénticos, conocidos simplemente como Los Fragmentos de MoonRock.

La Tradición: Cada fragmento se entregaba solemnemente a un miembro de la comunidad al cumplir la mayoría de edad.

El Efecto: La vida de estos portadores floreció. No se hicieron ricos ni famosos automáticamente, pero cada uno encontró su verdadera vocación, construyó relaciones honestas y vivió con una profunda sensación de paz. La vida era buena porque era auténtica.

El Intercambio y el Ascenso del Engaño
Con el tiempo, la comunidad creció y se expandió a las ciudades. La demanda por la «buena vida» que ofrecían los fragmentos aumentó. Sin embargo, los fragmentos originales eran limitados.

Fue entonces cuando la comunidad, intentando ser inclusiva y mantener su promesa a los recién llegados, cometió un error crucial. Un joyero talentoso, bajo la presión de los líderes, comenzó a replicar los fragmentos. Estos eran visualmente indistinguibles de los originales, tallados con la misma precisión, pero carentes de la esencia mágica de MoonRock.

El Motivo: Se justificó como un «símbolo» para dar la bienvenida a los nuevos miembros.

El Protocolo: A los nuevos integrantes se les entregaba un fragmento, presentándolo como la misma fuente de la vida auténtica que disfrutaban los antiguos miembros.

La Vida de Ilusión
Al principio, el engaño funcionó. Los nuevos miembros, llenos de esperanza e imitando los protocolos de los portadores originales, parecían integrarse. Pero con el paso de los años, una diferencia sutil, pero devastadora, comenzó a surgir:

Vidas Huecas: Los portadores de las falsificaciones (sin saber que lo eran) construyeron sus vidas basándose en imitaciones del éxito de los demás. Persiguieron el trabajo que parecía satisfactorio en lugar del que realmente los llenaba.

Relaciones Superficiales: Sus amistades y relaciones estaban basadas en la apariencia de felicidad y éxito, careciendo de la honestidad profunda que los fragmentos verdaderos inspiraban.

El Ciclo de la Duda: Estaban constantemente persiguiendo el próximo objetivo, sintiendo un vacío persistente. No podían entender por qué, si tenían el «Fragmento de MoonRock,» su vida era una cadena interminable de logros falsos y una felicidad prestada.

Mientras los portadores de los fragmentos originales vivían en la luz de la verdad, sus nuevos vecinos, portando las bellas y engañosas réplicas, estaban atrapados en una vida de engaño, un ciclo de imitación y falsedad, siempre cerca de la verdad, pero nunca tocándola.

El Fragmento de MoonRock se convirtió en una trágica lección: no es el símbolo lo que importa, sino la verdadera esencia que representa. Cuando la verdad se falsifica, la vida que se construye sobre ella, por muy brillante que parezca, es solo una ilusión.

El precio del diagnóstico

📰 El Privilegio de la Salud: Crónica de la Sociedad Saneada

💀 Cuando la Cordura se Convierte en Deuda

A Coruña 30 de noviembre de 2025 En la distopía de Aethel, la salud dejó de ser un derecho y se consolidó como la mercancía más cara del mercado. La sociedad, tras una serie de reformas radicales y la total desmantelación del sistema público, se había rendido por completo a la égida de la corporación «Vita-Max», la cual controlaba cada aspecto del bienestar físico y mental de sus ciudadanos.

El mayor terror de un habitante de Aethel no era la enfermedad, sino el diagnóstico: la Certificación de Estado Saneado (CES).

El Precio de la Normalidad

Cada ciudadano, sin excepción, estaba obligado a someterse a la evaluación anual de Vita-Max. Este no era un chequeo médico al uso, sino un examen de solvencia moral y biológica. Si el sofisticado escáner y los algoritmos arrojaban el resultado de «Saneado» (es decir, perfectamente sano y funcional), el ciudadano se enfrentaba al verdadero escollo: la tarifa de certificación.

💰 Nota Crítica: El coste de la CES era astronómico. Estaba diseñado para ser inalcanzable para la inmensa mayoría de la población trabajadora, obligándolos a contraer deudas de por vida solo para pagar por el privilegio de ser declarados normales. La excusa oficial era que este alto precio financiaba la supuesta «investigación de vanguardia» y la «preservación del orden biológico».

Si pagabas, obtenías tu CES, mantenías tu empleo, tus derechos y tu estatus social.

La Condena del «No-Pago»: El Protocolo 734

El verdadero horror se manifestaba cuando el ciudadano no podía o se negaba a pagar la suma exigida. Independientemente de que los escáneres iniciales confirmaran una salud perfecta, la incapacidad de pagar la cuota de sano se interpretaba como un «Déficit de Responsabilidad Biológica».

Al instante, el individuo era catalogado como «Infestado» o «Riesgo Social Vivo». Su antigua vida desaparecía.

Se les inscribía en el Protocolo 734, una política de «tratamiento» supuestamente destinada a «reencauzar» la mente disfuncional que no valoraba su propia salud al nivel financiero requerido.

El tratamiento era una pesadilla psicológica:

  • Aislamiento Programado: Pérdida inmediata de empleo y derechos de reunión.
  • Terapia de Conciencia de Valor: Sesiones diarias obligatorias donde se les obligaba a observar la vida «saneada» que habían perdido.
  • El Castigo Físico como Disciplina: La parte más oscura del Protocolo 734 era la exigencia de autolesión ritualizada. Bajo el pretexto de «recordarle al cuerpo el valor de la integridad y el coste de la negligencia», los «Infestados» debían administrarse pequeñas, pero constantes, heridas supervisadas. Un pinchazo, un corte superficial diario. Era un pago físico por un defecto moral y económico.

El objetivo era doble: generar sumisión extrema y crear una justificación tangible y visible de su estatus de enfermo, confirmando la profecía de Vita-Max. Si eres Infestado, debes comportarte y parecer Infestado.

⛓️ El Círculo Vicioso de Aethel

La sociedad de Aethel se sostenía sobre este pilar de miedo financiero. Los que pagaban miraban con repulsión y desconfianza a los Infestados, convencidos de que su autolesión era la prueba de su verdadera enfermedad mental, no el resultado de una extorsión económica.

Vita-Max no solo vendía salud, sino que vendía la narrativa de la enfermedad. Creó un sistema donde no pagar el diagnóstico de sano te convertía, por decreto, en el enfermo. Y la única cura para esa «enfermedad» impuesta era, irónicamente, la autodestrucción controlada, un espectáculo macabro que servía de advertencia para todos: en Aethel, ser sano era un lujo; ser pobre, una patología.

La Gripe del Nilo Verde:

Cuando el Inesperado Enfrentamiento en un Invernadero Desató una Nueva Amenaza

El sol de poniente teñía de naranja el vasto invernadero de los hermanos Ferreira en las afueras de Almendralejo. Un aroma complejo flotaba en el aire: la dulzura terrosa de los tomates de la variedad «Corazón de Buey» se mezclaba, inusualmente, con la resina pungente de una cepa de Cannabis sativa «Purple Haze» que, por razones aún no del todo claras, compartía el mismo espacio. No era una coexistencia pacífica.

Manuela y Antonio Ferreira, agricultores de tercera generación, habían experimentado con el policultivo antes, pero nunca con una dicotomía tan marcada. Los tomates, por naturaleza, amantes de la luz intensa y el suelo nutritivo, parecían irritados por la sombra y los exudados radiculares de sus vecinos de hojas palmeadas. A su vez, las plantas de cannabis, habitualmente robustas, mostraban signos de estrés: hojas amarillentas, un crecimiento atrofiado y una sorprendente susceptibilidad a plagas que antes apenas las molestaban.

«Parece que se están declarando la guerra, Antonio,» murmuró Manuela una tarde, observando cómo las hojas de un tomate se curvaban, casi reptando lejos de una robusta planta de marihuana. «El aire aquí está denso, casi eléctrico. Ni las abejas se acercan con ganas.»

Lo que los hermanos no sabían, y que la ciencia tardaría meses en desentrañar, era que esa «guerra» subterránea y aérea estaba creando un caldo de cultivo insólito. El estrés biológico extremo al que estaban sometidas ambas especies, liberando compuestos volátiles defensivos y metabolitos secundarios en un intento desesperado por repeler a su «competidor», había creado un entorno químico y biológico nunca antes visto.

La Semilla de la Calamidad

En ese microclima de hostilidad botánica, un virus de la familia Flaviviridae, un pariente lejano de la fiebre amarilla y el dengue, se encontró con una oportunidad evolutiva única. Conocido comúnmente como «Virus del Nilo Occidental», este patógeno solía circular entre aves y mosquitos, con los humanos como huéspedes incidentales. Pero en el invernadero Ferreira, algo cambió.

Los mosquitos, atraídos por la compleja mezcla de feromonas de estrés emitidas por las plantas y las condiciones de humedad controlada, se convirtieron en vectores de un nuevo tipo. Sin embargo, lo verdaderamente alarmante fue que las esporas de un hongo saprófito, común en suelos húmedos y estresados, habían comenzado a interactuar con las micropartículas vegetales liberadas por las plantas irritadas. Estas micropartículas, ricas en las defensinas y metabolitos alterados, actuaron como un «vehículo» y «catalizador» para el virus.

El virus, expuesto a esta sopa bioquímica y transportado por las esporas fúngicas que, al ser inhaladas, podían penetrar más profundamente en el sistema respiratorio humano que los simples mosquitos, comenzó a mutar. No solo adaptó su capacidad de replicación, sino que adquirió una afinidad inusitada por las células epiteliales respiratorias humanas.

El Estornudo Fatal

El primer caso fue el de Antonio. Un resfriado persistente, que se convirtió en una tos seca, luego en fiebre alta y una fatiga extrema. Al principio, lo achacaron al cansancio de la cosecha. Después, los síntomas neurológicos comenzaron: una rigidez en el cuello, desorientación y, finalmente, un delirio febril que lo llevó al hospital comarcal. Los médicos estaban perplejos; no era gripe común, ni COVID, ni la versión conocida del Virus del Nilo Occidental.

Manuela fue la segunda. Y luego, varios trabajadores del invernadero. La diseminación fue rápida. Las esporas, imperceptibles, se habían adherido a la ropa, a los envases de los tomates, y se propagaron con el aire acondicionado de las casas y los vehículos.

La ciencia tardó semanas en conectar los puntos: la secuencia genética del nuevo virus, bautizado provisionalmente como «Gripe del Nilo Verde», mostraba claras evidencias de recombinación y adaptación. Los metabolitos únicos detectados en los fluidos de los pacientes y en las muestras del invernadero de los Ferreira fueron la clave. El estrés de las plantas, su «guerra», había generado las condiciones para una evolución viral acelerada.

Los hermanos Ferreira, con el corazón roto y enfrentando una investigación sin precedentes, solo pudieron observar cómo su experimento, nacido de la curiosidad agrícola, se transformaba en el epicentro de una nueva pandemia. El mundo aprendió, de la manera más dura, que incluso en la aparente inocencia de un invernadero, la biología puede ser impredecible y que la naturaleza, cuando se la fuerza a sus límites, a veces responde con una venganza silenciosa y devastadora.

Hoy, la Gripe del Nilo Verde es una realidad. Y su origen, un recordatorio sombrío de que cada intervención humana en el delicado equilibrio natural puede tener consecuencias que van mucho más allá de lo que podemos prever.

Playa de Sandy

🏗️ El Puerto de Sandy Beach: El Precio del Progreso y la Calma de las Olas

La Transformación Irreversible de una Joya Costera

A Coruña 26 de noviembre de 2025 Sandy Beach, antes conocida por sus rompientes perfectas que atraían a surfistas de todo el mundo y por ser el sustento de una vibrante comunidad pesquera, es hoy el epítome de un debate global: ¿cuál es el verdadero costo del desarrollo? La inauguración del nuevo megaproyecto portuario no solo ha redefinido el horizonte de la villa, sino también su ecología, su economía tradicional y su alma.


🌊 De Paraíso Surfista a Playa Estática

La razón fundamental de la fama de Sandy Beach era la configuración única de su fondo marino y la dirección de sus corrientes, que convergían para crear olas consistentes y de alta calidad. El proyecto portuario, que requirió la construcción de un enorme dique y la dragado de la bahía, alteró radicalmente esta dinámica.

«Antes, esperábamos la marea alta para coger la sesión de nuestras vidas. Ahora, esperamos que vuelva la marea alta para ver si al menos hay algo que romper,» lamenta un surfista local, cuya tabla acumula polvo.

El dique actúa como una gigantesca barrera que bloquea la energía de las marejadas y modifica la refracción natural de las olas. Las legendarias rompientes se han convertido en olas pequeñas y desorganizadas, o simplemente en un espejo de agua, poniendo fin a décadas de cultura surfista y al turismo asociado que mantenía a flote hoteles, escuelas de surf y tiendas de alquiler.

🎣 El Silencio en los Muelles y la Pesca Perdida

La comunidad de pescadores de Sandy Beach, con una tradición que se remonta a generaciones, ha sido una de las más golpeadas. El impacto se siente en dos frentes principales:

  1. Alteración del Hábitat Marino: El dragado y la construcción han removido sedimentos, enturbiando las aguas y afectando los ciclos reproductivos de especies clave. Los bancos de peces que históricamente se alimentaban y desovaban cerca de la costa, han desaparecido o migrado a aguas más profundas y limpias, fuera del alcance de la pequeña flota local.
  2. Contaminación y Tráfico: El aumento del tráfico de buques y la potencial contaminación por aceites y vertidos industriales amenazan aún más la ya mermada calidad del agua, haciendo que la pesca local sea inviable o, en el mejor de los casos, insignificante.

Los viejos barcos de pesca ahora se mecen tranquilamente en el nuevo puerto, pero la tranquilidad es engañosa. Es el silencio de la derrota para una profesión que ha perdido su sustento.

🏘️ La Villa se Desarrolla, pero ¿a qué Precio?

Si bien los promotores del proyecto prometieron prosperidad, la realidad es más compleja. La villa de Sandy Beach ha visto cómo sus comercios tradicionales y su identidad se desvanecían para dar paso a la infraestructura y la logística asociadas al puerto. Se han creado empleos, sí, pero muchos de ellos requieren habilidades que los antiguos surfistas y pescadores no poseen.

El puerto es ahora el motor económico, pero ha traído consigo un aumento en el costo de vida, la especulación inmobiliaria y, lo más doloroso, una pérdida de comunidad. Sandy Beach ha ganado en «progreso», pero ha perdido su espíritu costero.


🛑 Conclusión: Una Lección de Sostenibilidad

La historia de Sandy Beach sirve como una dura advertencia sobre la importancia de la evaluación de impacto ambiental y cultural. La creación del puerto, que prometía un futuro brillante, ha enterrado inadvertidamente un pasado vibrante. Es una demostración palpable de que el desarrollo económico, cuando se prioriza por encima del ecosistema y la tradición, puede dejar a una comunidad no solo sin olas que cabalgar o peces que pescar, sino también sin una parte esencial de su propia identidad.

Fuente de San Pablo

🔥 La Fuente de Llama de la Plaza Mayor: Cuando el Agua se Convierte en Fuego

A Coruña 24 de Noviembre de 2025, conocida por su arquitectura clásica, fue testigo de un suceso insólito en la emblemática Plaza Mayor hace algunos años. La centenaria fuente de Neptuno, un símbolo de pureza y refresco, tuvo que ser desmantelada y reconstruida tras convertirse, literalmente, en una fuente de fuego.

El Incidente: De Agua Pura a Llama Eterna

El incidente comenzó una mañana de verano. En lugar del chorro habitual de agua fresca, los transeúntes notaron un gas sulfuroso y, segundos después, una llama de un tono azulado y anaranjado brotó con fuerza de la boca de la estatua.

La fuente no estaba «echando fuego» en el sentido de una combustión de madera, sino que estaba liberando y encendiendo gases altamente inflamables atrapados bajo tierra.

La Causa Subyacente: Metano y Tuberías Antiguas

Las investigaciones preliminares de la empresa de servicios públicos revelaron dos causas principales:

  1. Escape de Gas Metano: La fuente estaba situada directamente encima de una antigua tubería de gas natural con una fuga significativa. El metano ($\text{CH}_4$), un gas inodoro e incoloro, se filtró del suelo y se acumuló en la bóveda subterránea que alimenta la fuente.
  2. Corrosión y Vía de Escape: La corrosión en las viejas tuberías de la fuente creó la vía de escape perfecta para el gas. En lugar de filtrarse lentamente por el suelo, el gas fue canalizado hacia arriba a través del sistema de agua.
  3. El Encendido: Aunque no se pudo determinar con certeza la fuente de ignición, se teoriza que pudo haber sido una chispa estática generada por el roce de los materiales, o bien un objeto externo (como una colilla de cigarrillo arrojada) que entró en contacto con la mezcla explosiva de gas.

Conclusión y Reconstrucción

Ante el riesgo inminente de explosión y la imposibilidad de apagar la llama de forma segura sin antes ventilar todo el sistema, las autoridades tomaron la difícil decisión de derribar la fuente y la estructura circundante.

Tras el derribo, se reparó la tubería de gas subterránea, se instalaron nuevas líneas de agua con modernos sistemas de ventilación y la Fuente de Neptuno fue reconstruida meticulosamente piedra por piedra. Hoy en día, la fuente vuelve a verter agua, pero su historia sirve como un recordatorio vívido de cómo la infraestructura oculta bajo nuestras ciudades puede reservarnos sorpresas inflamables.

Barquito de papel

🚢 El Viajero, el Papiro Alado y el Destino Propio

I. El Viaje del Hombre y el Barco Incendiario

Había una vez un hombre aventurero y algo imprudente llamado Ulises. Él no navegaba en galeones o bergantines, sino en un pequeño y orgulloso barquito de papel llamado el «Papiro». Ulises amaba el Papiro porque, aunque frágil, lo hacía sentir ligero y libre.

Un día, en pleno mar, Ulises sintió un antojo irresistible de langostinos a la parrilla. A pesar de que el Papiro era de papel, Ulises era un hombre de soluciones rápidas y riesgos altos.

—Un buen asado no le hace daño a nadie —se dijo, y sin dudar, encendió una pequeña fogata en la cubierta de papel, usando un trozo de corteza seca como base y colocando los langostinos en un alambre.

El aroma era delicioso, pero el papel seco protestó con un crujido. Las llamas, alimentadas por la brisa marina, se extendieron con rapidez.

—¡Fuego a bordo! —gritó Ulises, demasiado tarde.

El Papiro se consumió hasta ser una masa humeante. Ulises tuvo que saltar al agua, agarrando los restos carbonizados del barco, mientras los langostinos, ahora totalmente quemados, flotaban alrededor. El Papiro, su medio de viaje, estaba deshecho.

II. La Profecía de la Escarabella Capitana

Mientras Ulises flotaba, aferrado a los restos del naufragio, una diminuta escarabella, navegante experimentada y con un pequeño sombrero de capitán hecho de hoja de trébol, se acercó a bordo de su navío: una cáscara de nuez pulida.

—¡Capitana Escarabella! —pidió Ulises, con la voz ahogada. —¡Por favor, lléveme a mí y a los restos de mi barco a buen puerto!

La Escarabella lo observó con sus diminutas gafas y sentenció con una voz grave y clara:

—Hombre imprudente de barcos de papel y fuegos a bordo… Conozco muchos puertos. Con gusto lo llevaré, pero solo si acepta mi destino: el Puerto de las Consecuencias. Ese es el único puerto al que llevan las hogueras sin sentido.

Ulises miró los restos humeantes de su barco. Sabía que la Escarabella tenía razón: él había causado su propio desastre por su antojo. Pero el «Puerto de las Consecuencias» sonaba a un lugar de castigo y resignación, y Ulises era un hombre que se negaba a la resignación.

—Gracias, sabia capitana —dijo Ulises con firmeza—, pero ya he tenido suficientes consecuencias por hoy. Buscaré un destino diferente.

III. El Papiro Alado y el Nuevo Rumbo

Ulises sintió la necesidad de la libertad, de un destino no dictado por las consecuencias ni por mapas ajenos. Tomó las piezas de papel quemado que le quedaban y, con la destreza de un origami experimentado, las replegó con esmero.

El Viento, al ver la determinación del hombre y el valor del papel, sopló con una fuerza suave y mágica. Los restos del Barquito de Papel se estiraron y reformaron, transformándose en un elegante y fuerte Avión de Papel.

El Avión de Papel, ahora el «Papiro Alado», no era solo un barco; era una promesa de elevación.

Ulises se sujetó fuerte, y el Papiro Alado, con un giro audaz, se elevó en el aire, dejando atrás la superficie del mar y la sentencia de la Escarabella.

El Papiro Alado y Ulises ya no buscarían un puerto en un mapa. Buscaron su propio destino en el cielo, lejos de los peligros del mar y la tentación de encender fuegos en lugares equivocados. Habían aprendido que, a veces, para encontrar el camino correcto, hay que dejar de ser barco y atreverse a ser vuelo.

El Fuego de Hércules

🦑 El Fuego de Hércules y la Furia de Gerión

En los confines de la tierra, donde el mar se encontraba con la noche eterna, el poderoso Hércules, fatigado de sus doce trabajos, decidió tomar un respiro. No quería matar monstruos ni robar ganados; solo quería tranquilidad y unos buenos calamares frescos para la cena.

Eligió la costa de Brigantium (la actual A Coruña), un lugar tranquilo y rocoso.

La Cuestión de los Calamares

Hércules había descubierto que, si encendía una gran hoguera en lo alto de los acantilados, la luz atraía a los calamares y a los peces pequeños hacia la orilla. Así, cada noche, el héroe apilaba leña y encendía una inmensa fogata que servía de rudimentario «faro de pesca». El brillo era poderoso, casi un sol artificial sobre el Finisterre.

Pero esta tierra estaba gobernada por el colérico gigante Gerión, un rey tirano de tres cabezas y tres cuerpos. Gerión no era el gigante que se dedicaba a oprimir a la gente (como en la leyenda original), sino uno que valoraba ante todo el silencio y la oscuridad de la noche.

La Guerra del Fuego

A Gerión le molestaba profundamente la luz. Para él, el faro improvisado de Hércules era un insulto cósmico.

  1. Primer Aviso: Gerión envió un sirviente con un mensaje. «Dile a ese forastero que apague su estúpido fuego. Me molesta para dormir y espanta a los búhos.» Hércules, ocupado preparando su salsa de tinta, se encogió de hombros y avivó las llamas.
  2. Segundo Enfrentamiento: A la noche siguiente, Gerión apareció él mismo. Con uno de sus brazos gigantes, arrojó agua de mar a la fogata, apagándola con un silbido de vapor.»¡Deja de encender ese fuego, extranjero! Es molesto y lo apagaré cuantas veces lo prendas,» rugió Gerión con sus tres bocas.
  3. La Respuesta de Hércules: Hércules se hartó de ver cómo su banquete de calamares se estropeaba. A la tercera noche, no solo encendió la hoguera, sino que la hizo tres veces más grande. Cuando Gerión se acercó, Hércules le lanzó un tizón encendido. El gigante, furioso, se abalanzó sobre él.

El Nacimiento del Faro

La batalla fue terrible. No se luchó por la tiranía o el ganado, sino por el derecho a la luz en la noche.

Hércules finalmente venció al gigante de tres cuerpos. Para asegurarse de que Gerión jamás pudiera volver a apagar su fuego, el héroe decidió hacer algo drástico.

En el lugar exacto donde había estado encendiendo su fogata para pescar, Hércules excavó la tierra y enterró la cabeza de Gerión como un cimiento macabro.

Sobre ese cimiento indestructible, y para que su fuego nunca más se apagara, Hércules construyó una inmensa torre de piedra. En lo alto, instaló un farol que ardía día y noche, guiando a los marineros y sirviendo como una luz eterna para sus futuras y legendarias expediciones de pesca.

Así se dice que se construyó la Torre de Hércules, un monumento no solo a su victoria, sino a la eterna necesidad de un buen pescador de tener luz para sus calamares.

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