Sincronía

Esta es la historia de Sincronía, una ciudad que decidió que el color rojo, ámbar y verde eran «tecnología obsoleta». El ayuntamiento, en un arrebato de modernidad extrema, decidió sustituir todas las ópticas de los semáforos por potentes antenas Bluetooth de baja latencia.

La idea sonaba brillante sobre el papel: los coches «hablarían» con la intersección, y el semáforo cedería el paso según el flujo de tráfico en tiempo real. Pero había un pequeño detalle que los ingenieros olvidaron: el ego de los conductores.


El Gran Lunes de la Actualización

A las 8:00 AM, el sistema se activó. En el cruce más importante de la Avenida Principal, los semáforos dejaron de brillar. En su lugar, enviaban una notificación push a las pantallas de los coches y a los smartphones de los peatones:

«Detectado: Intersección Inteligente. Pulse aquí para solicitar prioridad de paso.»

El caos no tardó ni cinco minutos en estallar.

Don Julián, en su viejo sedán, pulsó el botón de «Prioridad» frenéticamente. Al mismo tiempo, Clara, en su SUV, hizo lo mismo. El servidor de la esquina, diseñado para ser democrático, se encontró con una paradoja: 150 conductores reclamaban el 100% de la preferencia al mismo segundo.

La Guerra de los Perfiles

Como el sistema se basaba en protocolos Bluetooth, los conductores pronto descubrieron que podían «personalizar» su señal de solicitud. El caos circulatorio se convirtió en una guerra de jerarquías digitales:

  • Los «Premiums»: Algunos conductores instalaron amplificadores de señal ilegales para que el semáforo detectara su móvil antes que el de nadie.
  • Los «Hackers»: Jóvenes que cambiaban el nombre de su Bluetooth a «Ambulancia_Emergencia_01» para engañar al algoritmo.
  • El «Bucle de Cortesía»: En una esquina, dos conductores extremadamente amables se enviaban mutuamente la invitación de paso. El semáforo, bloqueado por un error lógico de «espera infinita», se apagó por completo, dejando a 40 coches inmóviles esperando un permiso que nunca llegaba.

El Efecto «Sala de Espera»

Al mediodía, la ciudad parecía un aparcamiento gigante. Nadie avanzaba porque el sistema, ante la avalancha de solicitudes simultáneas, aplicaba la de «nadie pasa hasta que haya consenso».

Los peatones no se quedaban atrás. Para cruzar la calle, tenían que aceptar los «Términos y Condiciones» del paso de cebra. Mientras bajaban el scroll de la política de privacidad, el tráfico (cuando lograba moverse) ya los había rodeado.

El Regreso a la «Prehistoria»

El caos terminó cuando un vendedor de frutas, harto de esperar a que su furgoneta se sincronizara con el poste de la luz, sacó del maletero tres cartulinas de colores: una roja, una amarilla y una verde.

Se subió a una caja de madera en medio del cruce y empezó a levantarlas manualmente. Los conductores, al ver el color rojo físico, sintieron un alivio instintivo y frenaron. Al ver la verde, aceleraron con una alegría que ninguna notificación push les había dado en todo el día.

Esa noche, el alcalde firmó el decreto para reinstalar las bombillas de toda la vida. Aprendieron una valiosa lección: en el tráfico, a veces es mejor que alguien te mande, a que todos intenten mandar.

AuroraTel

Cuando AuroraTel absorbió a la empresa eléctrica Lúmina, el gobierno celebró la fusión como el nacimiento de la primera infraestructura total. Energía y comunicaciones unificadas bajo una sola lógica, un solo centro de mando. La promesa era simple: eficiencia absoluta para toda la población.

La realidad fue otra.

AuroraTel redefinió el concepto de protocolo. Ya no se aplicaba solo a los empleados, sino a toda la sociedad. Había protocolos de uso, de permanencia, de comportamiento. Protocolos para hablar, para desplazarse, para conectarse. Nadie los conocía por completo; solo sabían cuándo los habían infringido.

Los empleados fueron los primeros en comprenderlo. Sus credenciales no solo abrían puertas: medían obediencia. Un retraso injustificado. Una orden cuestionada. Un silencio mal interpretado. Los despidos dejaron de existir; simplemente había “incidentes”. Escritorios vacíos. Terminales apagadas. Familias informadas de un “fallo eléctrico”.

Luego empezó a ocurrir en las calles.

Personas que caían en sus hogares, cerca de routers, terminales públicas o simples dispositivos domésticos. AuroraTel insistía en que eran accidentes inevitables de una red compleja. La palabra electrocución nunca aparecía. Solo desconexión permanente.

Con el tiempo, la población entendió el mensaje sin necesidad de explicaciones.
No hacía falta saber cómo. Bastaba saber cuándo.

Las ciudades se volvieron silenciosas. La gente hablaba menos, se movía menos, pensaba menos. La obediencia se convirtió en un instinto. Los dispositivos, antes símbolos de progreso, eran ahora recordatorios constantes de vigilancia. Nadie sabía si estaba siendo observado, pero todos actuaban como si lo estuvieran.

AuroraTel no necesitaba violencia visible. El miedo era automático, integrado, distribuido como la energía misma. La empresa decía no gobernar, pero dictaba el ritmo de la vida. Decía no castigar, pero decidía quién seguía conectado.

El colapso llegó tarde y mal. Cuando los archivos internos salieron a la luz, ya no importaba. La población estaba demasiado acostumbrada a obedecer. Aunque AuroraTel fue disuelta y sus directivos juzgados, la infraestructura permaneció. Nadie sabía cómo apagarla del todo.

Desde entonces, en los restos de aquella sociedad, quedó una advertencia grabada en muros y libros prohibidos:

El verdadero horror no fue que una empresa pudiera matar,
sino que enseñara a una población entera a vivir como si eso fuera normal.

Las eléctricas & telecomunicaciones

Hace décadas, AuroraTel era una empresa de telecomunicaciones admirada por su innovación. Sus redes conectaban ciudades enteras y su lema hablaba de “orden, eficiencia y progreso”. Con el tiempo, sin embargo, sus directivos llegaron a una conclusión peligrosa: la tecnología no solo podía comunicar… también podía disciplinar.

Cuando AuroraTel compró a Lúmina, una antigua empresa eléctrica nacional, el discurso oficial fue la sinergia. Comunicaciones y energía, decían, debían caminar juntas para construir un futuro inteligente. Lo que nadie imaginó fue que esa fusión daría lugar a un sistema de control sin precedentes.

AuroraTel impuso protocolos estrictos a empleados, contratistas y usuarios clave. No eran simples normas: horarios exactos, conductas monitoreadas, obediencia absoluta. Al principio, las sanciones eran administrativas. Luego, económicas. Finalmente, silenciosas.

Algunas personas comenzaron a morir en circunstancias extrañas. Siempre cerca de dispositivos de comunicación. Siempre catalogadas como “fallos humanos” o “accidentes eléctricos”. Los informes eran breves, fríos y repetían la misma frase: incumplimiento de protocolo.

Dentro de la empresa, nadie preguntaba. El miedo era más fuerte que la curiosidad. Afuera, la gente empezó a desconectar equipos, a cubrirlos, a desconfiar de la tecnología que antes celebraban. Las calles se llenaron de rumores y las redes —irónicamente— de denuncias.

Todo se derrumbó cuando una ingeniera, incapaz de seguir callando, filtró documentos internos. No explicaban cómo funcionaba el sistema, pero sí por qué: la empresa había decidido que la obediencia valía más que la vida. Que la infraestructura podía usarse como castigo. Que el control era más rentable que la confianza.

AuroraTel cayó en cuestión de semanas. Juicios, quiebras, prohibiciones internacionales. Pero el daño ya estaba hecho.

Desde entonces, la historia se enseña en universidades y foros de ética tecnológica con una sola lección clara:

Cuando una empresa confunde poder con derecho, la tecnología deja de servir a las personas y empieza a perseguirlas.

ESP8266-01S actualizar firmware con Arduino MEGA

Estuve intentando actualizar el firmware del ESP8266-01S de AZDelivery y siguiendo los tutoriales que ví no se adaptaba a mi placa de Arduino ni a mi modulo wifi, asi que me propuse explicar como conseguí actualizar el firmware del módulo wifi ESP8266-01S de AZDelivery, con el firmware NONOS y los últimos comandos AT.

Necesitamos:
1-Arduino MEGA 2560
2-Modulo wifi ESP8266-01S
3-Protoboard
4-Fuente de Alimentación auxiliar para protoboard
5-Jumpers
6-Flash Download Tools (Programa para flashear)
7-NONOS SDK

Realizamos las siguientes conexiones:

ARDUINOESP8266
GNDGND
2GPIO2
4GPIO0
RXRX
TXTX
3CH_PD
3.3v de la fuente auxiliarVCC
Conexiones
Conexiones

Una vez realizadas las conexiones subimos el siguiente sketch a nuestra placa de Arduino MEGA 2560:

int ch_pd = 3;
int io0 = 4;
int io2 = 2;
void setup() {
pinMode(ch_pd, OUTPUT);
pinMode(io0, OUTPUT);
pinMode(io2, OUTPUT);
digitalWrite(io2,HIGH);
digitalWrite(io0,LOW); //GPIO_0 a tierra
digitalWrite(ch_pd, LOW);

delay(1000);
digitalWrite(ch_pd,HIGH);// Bajamos y subimos CH_PD
digitalWrite(io2, LOW);//Subimos y bajamos GPIO_2

}
void loop()
{}

Una vez hecho esto debemos abrir el Flash Download Tools(seleccionaremos en la primera ventana nuestro chip ESP8266 y modo develop), y debemos haber descargado el NONOS SDK del enlace anterior, en el programa de flasheo simplemente tenemos que situar los archivos en su correspondiente dirección de memoria y seleccionar el puerto COM del Arduino y 115200 baud:

Una vez flasheado el programa dirá FINISH y ya podremos desenchufar el Arduino y nuestro modulo se habrá actualizado el firmware.
En próximos post explicaremos como ejecutar comandos AT en nuestro modulo wifi ya actualizado.(Para ejecutar comandos AT podemos seguir el siguiente tutorial AQUÍ).

En posteriores intentos de flasheo del esp8266 no me funcionó este método y tuve que usar un adaptador FTDI conectado con USB, me bajé los drivers para el FTDI de aquí
Y luego simplemente hay que poner el GPIO0 a GND mientras el USB se conecta

Espero que te haya gustado 😉

DorniSoft